Al bucear en un mundo ingrávido es fácil que el buceador pierda las referencias habituales. Es fácil que el buceador se encuentre rápidamente desorientado, ya que los sentidos se comportan de deferente manera debajo del agua, llegando a quedar algunos, como el olfato, inutilizados.
El sentido de la orientación es algo particular de cada persona, pero se puede mejorar siguiendo unas reglas. Con ello se lograrán inmersiones más seguras y agradables, explorando libremente el fondo marino, y la vida submarina, pero siendo consciente de la posición en relación al punto de inmersión.
Para evitar perderse lo más fácil es seguir un camino en línea recta, regresando por el mismo camino. Para ello se sigue una sima, un arrecife, un barco hundido… Con ello se evitan los pesados trayectos en la superficie, realizando las paradas bajo el barco.
Si se debe cambiar de dirección que sea en ángulo recto, y siempre en el mismo sentido, para realizar un circuito rectangular que vuelva al mismo punto de partida.
Los desplazamientos circulares se deben evitar ya que ayudan a perder el rumbo.